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IGLESIA DEL NAZARENO CHICLAYO
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Somos parte de los que no serán avergonzados nunca.

Tenemos el poder del Espíritu Santo. Nuestra suerte ha sido

echada y hemos cruzado la línea divisoria; hemos tomado la

decisión:

Somos discípulos de Jesús. No cedemos, ni retrocedemos,ni

disminuyemos la velocidad, ni nos detenemos, no miramos

hacia atrás.

Nuestro pasado ha sido redimido, nuestro presente es bueno

y nuestro futuro esta seguro. Hemos cesado con el vivir la

vida ligera,hemos terminado con el pasear como turistas por

la experiencia humana, con los planes pequeños, con el

tener las rodillas suaves, con los sueños en blanco y

negro, con las visiones limitadas, con el hablar mundano,

la tacañería al dar y con el posponer los proyectos para

otra ocasión.Ya no requerimos de la adulación de la gente,

ni nos domina la ambición por cosas materiales, no

necesitamos ser reconocidos a la fuerza, ni nos inquieta el

no ganar concursos de popularidad. No tenemos que tener la

razón,ni ser adulados, considerados o recompensados. Ahora

vivimos por la Fe, nustra fortaleza es Dios, caminamos

pacientemente, nos levanta el ánimo la oración y nos

apasiona trabajar para el Señor.

Nuestro rostro está afirmado, nuestro pulso es firme,

nuestro destino el cielo; el camino es angosto, los

acompañantes pocos.

Nuestro guía confiable, nustro misión clara. No podemos

ser sobornados, ni desviados, ni derrotados. Fracasan los

que intentan detenernos.


No nos intimida el sacrificio, es imposible que nos agoten

los reverses, ni el enemigo nos hace vacilar. No entramos

en negociaciones de paz con el adversario, ni nos sentamos

en su mesa, ni meditamos en sus éxitos, ni nos atrae su

mediocridad.

No nos rendiremos, no callaremos, ni cesaremos hasta que

hayamos perseverado totalmente, orado sin cesar y entregado

totalmente nuestra vida en servir a Dios.

No nos avergonzamos del avangelio pues es poder de Dios.

Debemos esperar hasta que Él regrese, dar hasta que lo

hayamos dado todo,predicar hasta que todos sepan y trabajar

hasta que Él nos detenga, y cuando Él regrese por los

suyos, no tendrá

dificultad en reconocernos, nuestro estandarte estará

reluciente

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