Make your own free website on Tripod.com

EL EVANGELIO

Algo va mal con el ser humano

Los científicos han dado más de una vez la alarma sobre el poder destructor del hombre. La Tierra está llena de violencia. La sociedad está enferma, mientras cada uno se pone a sí mismo por delante de los demás. Muchos piensan que no hay nada después de la muerte. Y viven sin saber para qué, ni por qué. Otros se presentan ante los demás como muy religiosos. Pero sus vidas reflejan la misma falta de orientación. Algunos llegan incluso a matar en nombre de Dios, haciendo más despreciable todo lo relacionado con la religión.
Pero, ¿y si realmente hay alguien más allá? Alguien que sepa todo esto y que también lo desprecie. Pero si lo hay, si hay un Dios en la tierra, ¿por qué no destruye todo y pone orden? La respuesta no es sencilla, pero si existe un Dios justo y actuase conforme a un patrón infinito de justicia, ¿quién seria la persona que podría decir que está libre de haber roto en alguna ocasión ese código de justicia? Nuestra sociedad está enferma, de justicia, de amor, de misericordia, de una fuerza moral que nos oriente y dirija.
La Biblia llama a esa enfermedad con el nombre de pecado. ¿La Biblia? ¿Pero ese no es un libro anticuado que sólo sirve para tranquilizar a las viejas? Para un momento. No cambies de página, escucha primero lo que ese Libro tiene que decirte. Si tienes paciencia para leer hasta el final, quizás descubras que ese Libro no tiene nada que ver con la religión, es más, la Biblia condena la religión, la aborrece porque la religión no es una solución para los problemas de la raza humana. Volvamos pues a ese Libro, ¿qué dice sobre el pecado? Dice que este mal se evidencia en
muchas cosas que hacemos. Pero nuestros hechos son una expresión de que el pecado está también enraizado en nuestra naturaleza. El hombre no es capaz de liberarse por sí solo de este desastre. La Biblia dice que todos los hombres pecan. ¿No dicen lo mismo los filósofos? ¿Qué ningún hombre es perfecto? Pero la Biblia también añade que la paga, la consecuencia inevitable de este pecado es la muerte. Muerte entendida en dos sentidos: el físico, cuando nuestro espíritu se separa de su cuerpo, y el espiritual, con un gran vacío perpetuo en nuestro ser interior. Esta consecuencia del pecado implica que todos estamos destinados a una muerte eterna, sin esperanza, por causa de nuestra propia y personal maldad. Por eso todos los hombres mueren y el espíritu y el alma se separan del cuerpo.

¿La solución?

No está en nosotros. No podemos borrar lo malo ya hecho, ni cambiar nuestra naturaleza. La solución está en Dios. Ese Dios tan despreciado por el hombre moderno. Tememos y rechazamos a Dios porque Él tiene todo el derecho sobre nosotros al habernos creado. Lo sabemos y la humanidad lo odia más aún porque quiere vivir como le apetezca, provocando más pecado. E inventamos las religiones y las filosofías para escapar de las exigencias de Dios, para poder dormir nuestras conciencias y excusar nuestro comportamiento.
Dios lo sabe, pero nos ama. Podría con su poder destruirnos para siempre, pero su amor nos ha dado una segunda oportunidad. Es muy importante que cada persona se dé cuenta de esto. Dios tiene que condenar, como Juez y representante de la Justicia misma, a los hombres pecadores. Si no lo hiciera, el orden mismo del universo y su propia existencia se verían trastocados. Pero, si la justicia de Dios es tan severa, ¿qué hay de su amor? Pues bien, su amor se revela en que Él mismo tuvo que enviar a su Hijo Unigénito a ocupar nuestro puesto en el lugar de ejecución. Por ese motivo, Jesús se hizo hombre porque para ser el sustituto de un hombre pecador, es necesario que el sustituto sea también un hombre verdadero y a su vez, no tener pecado. Sólo un Ser a la vez Dios y hombre podría cumplir estas condiciones.
¿En qué me baso para alcanzar esta conclusión? Veamos. Si el sustituto tiene que ser perfecto para que sea válido, y entonces yo quede libre de la condena, entonces, un ser pecador no me sirve. Esto ya excluye a todos los demás seres humanos, y también a los demonios (ahora puede que no puedas creer en ellos, pero piensa que si creyeras en espíritus inmundos, estos no podrían servir como tu sustituto). Ahora bien, tampoco sirven los ángeles, o cualquier otro ser creado, porque no podrían ser sustitutos al no tener la naturaleza humana. Un ángel podría ocupar
el lugar de otro ángel, pero no el de un hombre. Entonces, sólo un Ser perfecto, con la capacidad de no pecar jamás, condición que sólo cumple Dios, y a la vez dotado con verdadera naturaleza humana podría ocupar el lugar. Ese Ser es Jesús.
Por eso Jesús dejó su gloria celestial y se humilló a tomar forma humana en el seno de la María. Por eso, Jesús permitió que lo matasen en una cruz, símbolo de la muerte más vergonzosa, donde quedó más que evidenciado el horror del pecado. Por eso también resucitó de entre los muertos, ya que Él que es el origen de la vida, no podía quedar retenido por la muerte. Así pues, Jesús saldó nuestros pecados pasados, presentes y futuros en la cruz. Pero también proveyó de una regeneración interna de nuestro espíritu, un cambio de status a los ojos de Dios, que transforma nuestra naturaleza pecadora.
Pero, ¿cómo puedes, estimado internauta, aceptar este mensaje y sus beneficios? Primero, debes reconocerte a ti mismo como lo que eres, un pecador sin solución. Díselo a Dios. Pero sepas que esa oración sólo es válida si estás realmente arrepentido de tus pecados, harto de ellos, dispuesto a que Dios te cambie, dolorido por haber sido la causa de la muerte de Jesús. Esto es el arrepentimiento. En esa misma oración tienes que decirle a Dios que aceptas gratuitamente y de buena voluntad la muerte sustitutoria de Jesús en tu lugar. Si no aceptas el perdón que se ofrece en
la cruz, tu arrepentimiento será inútil. Es necesario la fe en Aquel que ocupó tu lugar. Pero esta es una fe que obra. Es decir, es una fe que no se conforma con el mero saber mental de que Jesús murió en tu lugar. Es preciso que rindas tu voluntad a Dios, que le pidas que te cambie y que le, digas que estas dispuesto a que haga contigo su voluntad, y que El dirija tu vida. Sin estos elementos: arrepentimiento, fe y entrega, no es posible alcanzar el perdón. Si lo tienes en cuenta cuando ores, y orar es hablar con Él como lo haces con tus semejantes, sin tapujos, si eres sincero, Dios te oirá, perdonará, salvará y cambiará. Haz la prueba y ya lo verás. Lee la Biblia si dudas de lo que te he dicho y lo comprobarás. Todo está escrito en ese Libro. Sólo se vive una vez y después está la muerte física, pero ya no habrá muerte espiritual. Si tienes fe en Jesús, con las condiciones que la Biblia impone para tener una fe que salva, entonces, cuando expires, pasarás a la presencia de Dios, hasta que la resurrección de entre los muertos, en el último día, te restaure a aquella posición de la que siempre disfrutaremos, una vida sin pecado y en armonía con el Creador, que es entonces nuestro Padre.
¿Ves ahora la diferencia entre la religión y el mensaje de la Biblia? Todas las religiones, incluso las denominadas cristianas -catolicismo, muchas ramas del protestantismo y los ortodoxos-, enseñan que para ir al cielo hay que ser bueno y hacer cosas buenas. La Biblia dice todo lo, contrario. Dice que somos malos. Todos. Y que Dios ama a los malos, tanto como para poner Él de su parte todo lo necesario para que podamos ir al cielo. La paz con Dios no se gana, como se cree normalmente, sino que nos la han ganado. Jesús la ganó para nosotros en la cruz. Es su regalo. Pero como todos los regalos, aquellos que lo van a recibir tienen primero que aceptarlo.

¿Qué harás tú?

Galatas 1:11-12 "Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mi, no es segun hombre;"
V 12 - " pues yo no lo recibi ni lo aprendi de hombre alguno, sino por revelacion de Jesucristo."

Galatas 2:21 - " No desecho la Gracia de Dios; pues si por la Ley fuese la justicia, entonces por demas murio cristo."

¿Qué harás tú?

Si quieres saber más acerca del mensaje que acabas de recibir a través de esta lectura, ponte en contácto con nosotros a través del correo electrónico igl_nazareno@terra.com y trataremos de resolver a tus preguntas o quizá poder atenderte personalmente a través de alguna persona de nuestra Iglesia.